jueves, 28 de junio de 2012

Lo que sigue


Ante la posibilidad de que exista, o no, un conflicto electoral y, de existir, de cómo se resuelva, existirá una situación que detonará el gran cambio, mismo que es urgente en la vida política del país.


Después de la elección del próximo 1 de julio, México iniciará una nueva etapa en su vida política. Es cierto que, en función de quien gane las elecciones, a esta nueva etapa llegaremos más rápido o más lento, pero, después de todo lo que hemos vivido en México, es innegable que la política y los partidos van a cambiar.

Los hechos son muy claros, nos encontramos en un cambio generacional muy importante, los viejos políticos, los que forjaron la etapa que estamos dejando, cumplieron más de 60 años, la generación de políticos nacidos con los movimientos estudiantiles del 68 ya empiezan a dejar sus lugares a las nuevas generaciones y la modernidad los está atropellando.

Otro factor muy importante que presiona en esta misma dirección, es el hecho de que las generaciones de jóvenes están buscando nuevas soluciones y van a presionar para que los partidos y los políticos ofrezcan una nueva forma de resolver los problemas y atender las demandas ciudadanas.

Después de las elecciones, el sistema de partidos buscará cambios radicales, algunos serán vía refundación, otros lo harán a través de la renovación; esto dependerá de dos situaciones, si ganaron o perdieron y de los saldos de los enfrentamientos de los grupos internos en la selección de candidatos. El sistema de partidos entrará en un proceso de digestión de sus problemas internos reflejados en el desgaste de una elección.

Otro hecho importante, es que el desgaste que ha generado esta elección, es que las leyes electorales se tendrán que revisar desde su base fundamental, todos vimos un proceso con parcialidad y excesos, fundamentalmente contrarios a lo que la reforma pretendía. Al final del día, cuando se revise esta ley, se deberán de tomar en cuenta a los jóvenes y todo lo que se dio en las redes sociales, una mirada joven será el denominador común de esta gran reforma electoral.

El factor de la guerra e inseguridad, así como la injusticia que conlleva, y sus efectos colaterales en la sociedad y la economía locales, van a ser un detonador para que los nuevos políticos busquen esquemas novedosos para generar mejores tratos y políticas públicas para dar certidumbre a la sociedad; en esencia; esto debe cambiar la óptica de la política.

Y, finalmente, la situación económica del país nos pondrá en la tesitura de que si no cambiamos nuestro sistema político y las formas de hacer la política, en donde los partidos deben de generar nuevos puentes hacia los ciudadanos más jóvenes y para resolver nuevas demandas sociales y necesidades económicas futuras.

En este último punto, va a haber un espectro de corte internacional que impactará en el proceso de instrumentación de las nuevas reformas estructurales que serán necesarias y urgentes, así como la situación económica regional. Todo indica que Brasil es el nuevo polo de desarrollo, pero también hay informes de que su situación real no es tan halagüeña por lo que, o nos apuramos a diseñar, aprobar e implementar las reformas para estar listos en esta competencia regional, o perderemos un lugar que, por naturaleza, nos toca.

Finalmente, ante la posibilidad de que exista o no un conflicto electoral y, de existir, de cómo se resuelva y quién resulte desechable, existirá una situación que, también, detonará el gran cambio, mismo que es urgente en la vida política del país.

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