martes, 24 de septiembre de 2013

Vicios Ocultos



Ante las diferentes reformas que se están proponiendo, los grupos políticos que perderían sus beneficios se niegan a cambiar, sacan los vicios ocultos y mandan a la calle a sus huestes pagadas a quejarse y manifestarse.

México no cambia; siempre que alguien quiere hacer cambios en el país, los vicios ocultos del sistema político no permiten que el país avance. Ante las diferentes reformas que se están proponiendo, los grupos políticos que perderían sus beneficios se niegan a cambiar y sacan a la calle a sus huestes pagadas a quejarse y manifestarse a través de mentiras estructuradas bajo la típica queja social y repetida hasta el cansancio. Usan la ignorancia de los grupos más desprotegidos para cuidar sus intereses de grupo fáctico de la política.

Por otra parte, no es creíble que el dinero público que se les da a los partidos políticos sea utilizado por ellos para el propósito original y que, con base en mentiras, se haga anuncio de radio para asegurar cosas que nadie en absoluto está proponiendo. Hoy, en el país se pretende confrontar una mentira repetida contra hechos que se están apenas discutiendo en el Congreso entre los verdaderos representantes de la sociedad.

Curiosamente, tenemos que esos líderes que únicamente buscan el no perder sus espacios políticos y sus dádivas burocráticas, sólo quieren decir sus verdades y sin que nadie los refute (seguramente por aquello de que sus argumentos no son tan válidos). De esa manera aprovechan el foro fácil de la calle, rodeados de acarreados, en donde el recurso de la mano alzada es lo más fácil y la ignorancia lo resuelve todo.

En otro contexto, los partidos políticos perdedores, sin importar la situación de emergencia o la crisis económica que se está presentando, exigen hacer el cambio en las reformas políticas (que más bien son reformas electorales) antes que las reformas estructurales (energética y hacendaria) con el pretexto de que son importantes y más que las que pueden ayudar a enderezar el país en su vida económica.

No cabe duda que, ante los eternos vicios ocultos del chantajismo político de nuestro sistema, seguiremos perdiendo oportunidades para que México vaya cambiando su futuro.


Analista Político


jueves, 12 de septiembre de 2013

Ley y democracia



Los gobiernos, tanto el de la Ciudad de México como el Federal, han hecho todo lo que ha estado en sus manos para logar una negociación, al parecer se requiere de una mezcla entre la ley y la democracia para mantener el Estado de Derecho.

Aleksander Peczenick afirma en su artículo “¿Democracia y Estado de Derecho- para quién?” que hay dos mecanismos institucionales que protegen a la civilización actual, la Ley y la Democracia, y que los ciudadanos de occidente, en estos principios del siglo 21, creemos firmemente en la Democracia y el Estado de Derecho y en su acción para cubrir las necesidades de los ciudadanos. El autor define al Estado de la Ley como el uso del poder público basado en las reglas y leyes vigentes.

Hoy, en México estamos viviendo un gran cambio, el gobierno actual decidió mover el Statu Quo hacia temas centrales para desanudar la economía, la política y la sociedad, pero esto implica que hay sectores que ven afectados sus tradicionales cotos de poder. En el caso de los maestros, el sector más afectado es la burocracia magisterial, sí, los mismos empleados del gobierno, los maestros sindicalizados.

Ayer, y los últimos más de cuarenta días, en la ciudad se vivió una serie de manifestaciones que terminaron en pequeñas refriegas callejeras entre maestros y granaderos. Han ido subiendo de tono y las manifestaciones se empiezan a generalizar en diferentes ciudades de todo el país; esto lo único que demuestra es que las reformas aplicadas verdaderamente pegaron a grandes intereses de grupos que se han convertido en poderes fácticos gracias a las tradicionales políticas clientelares de nuestro sistema político. Los ciudadanos estamos siendo presa de un grupo que está atacando al estado, faltando a la ley y rompiendo las reglas básicas de la democracia que dicen que las mayorías deciden el rumbo, vía la autorización y cambio de las leyes.

Esto ilustra que los maestros están infringiendo las reglas básicas que pretenden sostener a la civilización y al Estado mexicano. ¿No sería esto el mayor delito que un grupo determinado pueda hacer en contra de un país y su Estado de Derecho? Ya no estamos hablando de un grupo que pretende negociar una serie de beneficios o la falta de cumplimiento, estamos hablando de un grupo de personas que pretende desconocer las leyes, las Reformas y los órganos legislativos, que cancela los derechos de los demás, que agrede a las policías y que comete a diario una serie de delitos civiles y penales en contra de todas las leyes y reglas de la ciudad. Están rompiendo la lógica de una democracia.

Bajo esta óptica, es imperativo que se aplique la ley a los actos de abandono de empleo, daño a las vías de comunicación, actos vandálicos y agresiones que este grupo está haciendo en todo el país, es lo mínimo que los ciudadanos le estaríamos pidiendo a la autoridad por derecho propio, bajo el imperio de la ley y en respeto de nuestro pacto legal como país.

Y dadas las circunstancias de agresividad del movimiento, si no funciona el camino de la negociación, ya se hace urgente quitar los fantasmas de la represión del pasado y usar la inteligencia y el poder legal de la fuerza pública para hacer valer el Estado de Derecho; de otra manera, los esfuerzos de las reformas pueden convertirse en letra muerta.

Cierto es también que los poderes fácticos, buscan, a como dé lugar, a su muertito, para, como en el pasado, gritar que éste es un gobierno represor, pero, en este caso, la evidencia marca que ya se pasaron de la raya y que los gobiernos, tanto el de la Ciudad de México como el Federal, han hecho todo lo que ha estado en sus manos para logar una negociación, pero si estos grupos se niegan, la mezcla perfecta de la ley y la democracia será la única forma de mantener el Estado de Derecho.


Analista Político


martes, 10 de septiembre de 2013

Im-puestos



Ahora seremos espectadores de la lucha anual en el Congreso, cuando los grupos empresariales asistan a tratar de negociar la baja de los impuestos y los legisladores empiecen a negociar favores con los grupos fácticos, y se cree, con esto, el típico monstruo fiscal anual.

A nadie nos gusta pagar impuestos, de ahí el nombre, son im-puestos, lo que, además, me recuerda la frase que hiciera famosa Benjamín  Franklin, en el año de 1789, en una carta dirigida a Jean-Baptiste Leroy, en el marco de la promulgación de la nueva Constitución de los Estados Unidos y que decía textualmente “en este mundo nada se puede decir que es certero, excepto la muerte y los impuestos”(death&taxes) y que, en realidad, fuera acuñada originalmente por Daniel Defoe, en su libro “The Political History of the Devil” datado 1726 y que básicamente nos dice que sólo esas dos cosas nos van a pasar a los humanos en este mundo.

En México, los políticos en el poder no han querido nunca aumentar impuestos, es el pecado más grande que pueda cometer un político; de hecho, las únicas promesas de campaña que puedan valer votos es la cancelación de algún impuesto y para muestra, un botón: las últimas dos elecciones de este país fueron ganadas por varios candidatos con un solo argumento, la cancelación de la tenencia, impuesto creado en 1968 para financiar las Olimpiadas y que nunca fue eliminado, hasta hace dos sexenios y que muchos candidatos lo vendieron como promesa cuando llegaran a gobernar, la mentira era que, en ese momento, ya estaba derogado a nivel nacional.

Ante este escenario, el que hoy el paquete fiscal defina nuevos impuestos, a todos nos pone los pelos de punta y nos preocupa. Por supuesto, las grandes empresas ya amenazan, ante este aumento, que como consecuencia van a tener que correr gente y existe el riesgo de una recesión, etc., etc., mientras que por el otro lado, puede uno ver cómo la mayoría de las empresas multinacionales anuncian con bombo y platillo que sus filiales en México son de las más rentables y reportan utilidades de las más altas que en todo el mundo.

Desafortunadamente, en México se nos olvida la gran cantidad de pobres y el gran problema de la informalidad que, para mal de México, es una práctica muy común auspiciada por todos. Si usted compra películas piratas en el mercado, está fomentando la informalidad y el hecho de que no exista crecimiento, hace que la riqueza se concentre en pocas manos. No debemos olvidar que México es un país de empresarios ricos y empresas pobres, bajo el único razonamiento de no querer pagar impuestos.

Lo difícil del momento es que el razonamiento fácil del IVA generalizado es lo que puede hacer que todos paguemos más impuestos y que los informales también, pero puede ser una bomba social que podría estirar la liga en demasía y pudiéramos tener mayores problemas en las calles. Tal vez mucha gente no se ha dado cuenta, pero el hecho de la generalización de las policías comunitarias, las marchas y mítines de los maestros, los secuestros y el aumento de la delincuencia, son, en el fondo, muestras de la desigualdad que tenemos en el país y que aun no estalla como pasa en estos momentos en Brasil y Egipto.

Ahora seremos espectadores de la lucha anual en el congreso, cuando los grupos empresariales asistan a las Cámaras a tratar de negociar la baja de los impuestos y los legisladores empiecen a negociar favores con los grupos fácticos, y se cree, con esto, el típico monstro fiscal anual.

Lo más curioso del momento es que el PRI, con este giro hacia el centro izquierda de la geometría política, quiere ser más social, alejándose de la visión derechista de los últimos dos sexenios y que, de rebote, le desarma el discurso a AMLO y a la izquierda más cercana a los más abandonados del país.

Esperemos a ver cómo termina la reforma y el paquete fiscal en los próximos dos meses, que es lo que se llevará la discusión en el congreso.

Analista Político


jueves, 5 de septiembre de 2013

Orfandad y transformación



Tras el Primer Informe de Gobierno del Presidente Peña Nieto, hay dos maneras de ver las cosas: las expectativas que no se cumplieron y los cambios que sí están ocurriendo.

La orfandad.- He estado leyendo varias de las críticas al Informe Presidencial en diferentes medios de comunicación, así como comentarios de diferentes personas a mí alrededor y he llegado a la conclusión de que los mexicanos tenemos orfandad respecto al informe presidencial. ¿Eso qué significa? Pues que éste es el primer informe de la segunda alternancia política en el país, venimos de escuchar un determinado tipo de informes del PAN, en los cuales nunca definieron un estilo determinado, pero, en el imaginario público, al entender que el PRI regreso al poder creo que muchos mexicanos estaban esperando aquellos informes del PRI de los 80´s, con toda su parafernalia, que fuera llamado el día del Presidente y en donde, después de la alocución, se pasaba horas saludando a los invitados. Después, con el PAN el ritual llegó a su clímax cuando en 2006 a Fox no le permiten dar su informe, y ante las condiciones prevalecientes, “lo entregó y se fue”, para dar por la noche un mensaje en Cadena Nacional. Ahí, la alternancia hirió de muerte al ceremonial.

A lo que me refiero con orfandad es que, haciendo números, la distancia a los Informes del PRI de los 80´s es mucha; vea usted: dos sexenios del PAN, 12 años, más el sexenio de Zedillo y el periodo de Salinas son casi 24 años. Al último informe de Fox ante el Pleno de Legisladores, la distancia es de 14 años. Si tomamos en cuenta esto, hay muchos jóvenes que no tienen la referencia histórica y ni siquiera conocían esos rituales y, en cuanto a los viejos, su referencia es más de la infancia o juventud de hace más de 20 años. Por tanto, ¿qué expectativa tenían los mexicanos del informe del nuevo Presidente de la segunda alternancia? Pues, realmente, muy variada, por eso considero que esta orfandad hizo que no se le diera gusto a nadie.

Después de analizar el discurso, hay elementos totalmente distintivos que implican que, además, el Presidente Peña Nieto le empieza a dar un giro a la ceremonia del informe, vamos, su toque personal, y creo que está delineando una presidencia moderna. Esto, independientemente de la problemática del lugar, que fue netamente coyuntural por el problema de los maestros en la ciudad. En el mensaje agradeció a los grupos que han ayudado a México a iniciar la transformación, les agradeció a legisladores, a partidos políticos y a los maestros que sí dan clases por su trabajo y apoyo. En lo personal, nunca había visto a un presidente aplaudirles a los referidos durante el informe. Además, cuando dice que tenemos 120 días para terminar con el inicio de la transformación, se refiere a que “hoy, entre ustedes, tenemos  la oportunidad de escribir una historia de valor, esfuerzo y éxito”, lo cual se refiere a un nosotros y a un ustedes, no al acto presidencialista del yo soy el centro de todo México, como era en la antigua época del PRI.

Considero que con este informe quiere definir la nueva presidencia, con una visión hacia adelante y, de ahí, creo que por esa orfandad el imaginario público tuvo diferentes percepciones. Habrá que esperar al año próximo para poder hacer las comparaciones correspondientes.


La transformación.- El informe del Presidente nos da un balance general de lo que lleva la administración pública; nadie puede negar que, mal o bien, el Presidente Peña Nieto le ha impuesto al país dos grandes factores que hacía mucho tiempo no vivíamos en México; el primero es el dinamismo,  ya que, a una velocidad nunca antes vista, se han generado una serie de reformas estructurales que se pensaban imposibles. Claro, ahora vienen las dos más complejas, la energética y la hacendaria, pero si hacemos un balance de las demás, salvo sus leyes secundarias, vemos que ya están autorizadas en lo general y en proceso para concluir lo que falta. El Congreso, como nunca antes, ha trabajado a marchas forzadas, pero por primera vez en mucho tiempo, no lo ha hecho para sacar lo retrasado, sino para construir a futuro, para generar nuevas leyes. El reto ha sido enorme y, por qué no decirlo, los legisladores han estado a la altura, hacía mucho que no se veía este esfuerzo. El segundo factor son los acuerdos: de la nada y a propuesta de la oposición, se crea un Pacto por México en donde, por primera vez en mucho tiempo, también se generan una serie de acuerdos políticos que promueven cambios radicales y nuevas reformas. Los ciudadanos, con la boca abierta, empezamos a ver lo que durante los periodos del PAN no se pudo armar: acuerdos políticos. El último gran acuerdo nacional del que se tiene en la memoria histórica y que, además, funcionó, fue el firmado en enero de 1995 en la Presidencia de Ernesto Zedillo; los pactos firmados durante el sexenio de Fox, se fueron diluyendo sin ningún resultado.

Ante el asombro de todos, en los primeros meses del sexenio actual vimos cómo inició una transformación cuando los grupos políticos vieron los resultados plasmados en reformas reales. Como era de esperarse, los poderes fácticos iniciaron el boicot que nos ha llevado a la situación actual en donde tenemos un grupo de disidentes que, sin ton ni son, hacen destrozos en la ciudad sin razón, ni argumentos, pero son movidos por los intereses económicos afectados por las actuales y futuras reformas.

En México, todos sabemos que necesitamos transformar al país, todos lo gritan, todos lo claman, todos lo aceptan, pero como se dijera por ahí en el campo mexicano: “sí, que se hagan los arreglos y los cambios, pero en el rancho de mi compadre, no en mi casa y, menos, que me afecten a mí”.

Viene un domingo negro, ya los empresarios empiezan a poner sus barbas a remojar, saben que sus intereses se podrán ver afectados por aumento de impuestos y por la posible cancelación de algunos regímenes especiales que, para efectos del viejo argot sindical, representan sus logros gremiales por el esfuerzo de la revolución, pero ya no es posible mantenerlos. El trago será amargo y, para acabarla de amolar, ese mismo día se junta el inefable AMLO con algunos maestros y, seguro, con los grupos anarquistas a echar pestes por la reforma energética, lo que, curiosamente, le podrá dar un poco de gasolina para armar escándalo de nuevo.

Las últimas preguntas que me quedan ante todo este escenario son las siguientes: ¿y los ciudadanos dónde estamos?, ¿nos seguiremos quedando mudos ante esta transformación, que es tan necesaria, nos dejaremos vituperar por una minoría de burócratas mal habidos que no quieren trabajar o de trasnochados líderes pseudo izquierdistas que siguen persiguiendo a la figura del difunto Marx? Y la última, de refilón comunista, ¿querrán los nuevos millonarios rusos, como algunos maestros oaxaqueños, que regrese la doctrina de Marx? Como dijera el clásico, es una simple pregunta.


Analista Político